sábado, 20 de marzo de 2010
Los extraterrestres aterrizan en el Sáhara
El capitán Chuck Baker y sus amigos alienígenas aterrizan entre las dunas de Dajla. Planet 51 formará parte de la cartelera de la VII edición de FiSahara. Porque la animación también tiene cabida en el Festival, la producción española dirigida por Marcos Martínez, Jorge Blanco y Javier Abad, con guión de Joe Stillman, a buen seguro que arrancará las carcajadas de mayores y pequeños en la Gran Pantalla del campamento de refugiados de Dajla.
jueves, 18 de marzo de 2010
Hipatia enseña astronomía bajo las estrellas
Hipatia regresa directamente desde el siglo IV, del Egipto romano al Sáhara Occidental, para enseñar astronomía bajo las estrellas del cielo de Dajla.
Ágora, la última super producción de Alejandro Amenábar, protagonizada por Rachel Weisz, Max Minghella, Ashraf Barhom, Oscar Isaac, Michael Lonsdale o Rupert Evans, se suma a la lista de películas que os estamos preparando a todos para la VII edición de FiSahara.
No os lo podéis perder.
Ágora, la última super producción de Alejandro Amenábar, protagonizada por Rachel Weisz, Max Minghella, Ashraf Barhom, Oscar Isaac, Michael Lonsdale o Rupert Evans, se suma a la lista de películas que os estamos preparando a todos para la VII edición de FiSahara.
No os lo podéis perder.
¡Participad ya en el sorteo y venid gratis a Dajla!
lunes, 15 de marzo de 2010
El pequeño Nicolás enreda entre dunas
Una pequeña obra maestra que pocos pudieron ver en las pantallas españolas salta ahora a la arena del desierto.
El pequeño Nicolás hará de las suyas en Dajla. La última película del francés Laurent Tirand llegará a pequeños y mayores en el campamento de refugiados durante la VII edición de FiSahara. Un largometraje protagonizado por Maxime Godart, Valérie Lemercier, Kad Merad, Sandrine Kiberlain y Michel Duchaussoy que describe la reacción del mítico personaje infantil francés cuando se entera de la llegada de un hermanito.
El pequeño Nicolás hará de las suyas en Dajla. La última película del francés Laurent Tirand llegará a pequeños y mayores en el campamento de refugiados durante la VII edición de FiSahara. Un largometraje protagonizado por Maxime Godart, Valérie Lemercier, Kad Merad, Sandrine Kiberlain y Michel Duchaussoy
viernes, 12 de marzo de 2010
¡Aporta tu granito de arena a la gran duna solidaria!
A poco más de un mes para el FiSahara, ¡surgen otras iniciativas de la gran familia saharaui! Y desde aquí, por supuesto, queremos apoyarlas y servir de altavoz. En esta ocasión nos trasladamos al Auditorio de Tenerife para disfrutar del "I Concierto Benéfico Sahara Vive". La cita será el próximo 20 de marzo.
El programa ha sido especialmente diseñado para la ocasión:
Un barítono, un percusión, dos pianos, una clarinete, un acordeón y una bailaora interpretan piezas magistrales de la historia de la música, pensadas para conmover, como el Coro de los Peregrinos (Wagner y Liszt), Youkali (Weil), Once Abrazos (J. Minguillón), 4 Lieder (Schubert), Andaluza (Falla), Oblivion (Piazzola), Ne me quitte pas (Brel), Tango para Claudio (Galliano), Córdoba (Albéniz), Maybe this time (Kander, de Cabaret)..... ¡por solo 15 euros!
Y, además, todo lo que se recaúde se donará para mejorar las condiciones de vida de las mujeres saharauis en los campamentos de refugiados de Tindouf, en el sur de Argelia. Aporta tu granito de arena a la gran duna de la solidaridad.
Compra de entradas:
- Las taquillas del Auditorio de Tenerife
- www.auditoriodetenerife.com
- Teléfono 902 317 327
- Tasca La Tata (S/C Tenerife)
Y si no puedes venir, colabora con la fila cero y haz tus donativos en:
Taquilla, 922 568 625 o a través de la cuenta corriente de la Asociación Cajamar 3058-0987-70-2720006032.
El programa ha sido especialmente diseñado para la ocasión:
Un barítono, un percusión, dos pianos, una clarinete, un acordeón y una bailaora interpretan piezas magistrales de la historia de la música, pensadas para conmover, como el Coro de los Peregrinos (Wagner y Liszt), Youkali (Weil), Once Abrazos (J. Minguillón), 4 Lieder (Schubert), Andaluza (Falla), Oblivion (Piazzola), Ne me quitte pas (Brel), Tango para Claudio (Galliano), Córdoba (Albéniz), Maybe this time (Kander, de Cabaret)..... ¡por solo 15 euros!
Y, además, todo lo que se recaúde se donará para mejorar las condiciones de vida de las mujeres saharauis en los campamentos de refugiados de Tindouf, en el sur de Argelia. Aporta tu granito de arena a la gran duna de la solidaridad.
Compra de entradas:
- Las taquillas del Auditorio de Tenerife
- www.auditoriodetenerife.com
- Teléfono 902 317 327
- Tasca La Tata (S/C Tenerife)
Y si no puedes venir, colabora con la fila cero y haz tus donativos en:
Taquilla, 922 568 625 o a través de la cuenta corriente de la Asociación Cajamar 3058-0987-70-2720006032.
jueves, 11 de marzo de 2010
Yo también estaré en FiSahara 2010
Concha de Plata a la Mejor Actriz y Mejor Actor en el Festival de San Sebastián, Goyas a la Mejor Actriz Principal y Mejor Canción, premio X Festival de Cine Opera Prima de Tudela, Premio del Público en la Pantalla a los Nuevos Realizadores en la 39ª Edición de ALCINE, premio a la mejor intéprete femenina del año 2009 en los Premios José María Forqué, premio del Público en el 39º Festival Internacional de Cine de Rotterdam... y ahora...
'Yo, también', la película dirigida por Álvaro Pastor y Antonio Naharro, protagonizada por Lola Dueñas y Pablo Pineda, estará en Dajla. ¿Te vas a perder la proyección, sentad@ en la arena, disfrutando del cielo estrellado?
¡¡opta a la Camella Blanca del FiSahara!!
'Yo, también', la película dirigida por Álvaro Pastor y Antonio Naharro, protagonizada por Lola Dueñas y Pablo Pineda, estará en Dajla. ¿Te vas a perder la proyección, sentad@ en la arena, disfrutando del cielo estrellado?
¡Participa en el sorteo del viaje a FiSahara!
Brutalidad consentida
(Vía dbnews)
José Luis Rodríguez Zapatero: "La apuesta de las autoridades marroquíes por la modernización de su economía y por su apertura al exterior es de elogiar. La confianza entre España y Marruecos l
nos permite superar de vez en cuando algunos temas nada fáciles".
Herman Van Rompuy, presidente de la UE: "Los Veintisiete apoyan los esfuerzos de la ONU para lograr una solución política justa, duradera y aceptable para todas las partes; seguiré trabajando en los aspectos humanitarios del conflicto".
José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea: "Esta cita supone la señal de la ambición de ambas partes por progresar y profundizar en las relaciones bilaterales, principalmente en el ámbito económico".
Mohamed VI: “Apoyamos la construcción del Magreb siempre que respete la integridad territorial de los Estados y las reglas de buena vecindad".
Abbas el Fassi, primer ministro marroquí: "El 85 por ciento de la población (del Sáhara) se considera marroquí; si no hubiera alambres en los campos de Tinduf los secuestrados volverían al Sáhara Occidental. En Marruecos, cuando se producen violaciones de Derechos Humanos, el peso de la ley cae sobre los responsables como ocurre en Occidente".
Confederación de Empresarios de Aragón (CREA): "El transporte, la logística y las infraestructuras son los ejes prioritarios de la cooperación a nivel oficial y empresarial entre la Unión Europea y Marruecos, con el objetivo de "extender el mercado interior europeo a sectores con gran potencial de crecimiento".
Mariam Amgaizlat, brutalmente golpeada por la policía marroquí en El Aaiun
¡'GRACIAS' A TODOS!
SIN VUESTRA AYUDA NADA DE ESTO HABRÍA SIDO POSIBLE
José Luis Rodríguez Zapatero: "La apuesta de las autoridades marroquíes por la modernización de su economía y por su apertura al exterior es de elogiar. La confianza entre España y Marruecos l
nos permite superar de vez en cuando algunos temas nada fáciles".
Herman Van Rompuy, presidente de la UE: "Los Veintisiete apoyan los esfuerzos de la ONU para lograr una solución política justa, duradera y aceptable para todas las partes; seguiré trabajando en los aspectos humanitarios del conflicto".
José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea: "Esta cita supone la señal de la ambición de ambas partes por progresar y profundizar en las relaciones bilaterales, principalmente en el ámbito económico".
Mohamed VI: “Apoyamos la construcción del Magreb siempre que respete la integridad territorial de los Estados y las reglas de buena vecindad".
Abbas el Fassi, primer ministro marroquí: "El 85 por ciento de la población (del Sáhara) se considera marroquí; si no hubiera alambres en los campos de Tinduf los secuestrados volverían al Sáhara Occidental. En Marruecos, cuando se producen violaciones de Derechos Humanos, el peso de la ley cae sobre los responsables como ocurre en Occidente".
Confederación de Empresarios de Aragón (CREA): "El transporte, la logística y las infraestructuras son los ejes prioritarios de la cooperación a nivel oficial y empresarial entre la Unión Europea y Marruecos, con el objetivo de "extender el mercado interior europeo a sectores con gran potencial de crecimiento".
Manifiesto por un Sáhara Libre
Aunque tarde, lo prometido es deuda. Aquí tenéis el texto leído en el Círculo de Bellas Artes de Madrid durante la jornada organizada por la Fundación AISGE, en colaboración con CEAS-Sáhara. El texto fue leído por representantes de la cultura, como el Gran Wyoming, Antonio Valero, Juanjo Cucalón, Mariano Venancio, Lucía Villar, Asunción Balaguer, Silvia Tortosa, Juan Ramallo, Jorge Bosso, Amparo Climent, Claudia Gravi, Pilar Bardem, Pedro Mari Sánchez, Ana Goya, Roberto Enríquez, Xabier Elorriaga, Willy Arroyo o Ana Otero, entre otros. Es largo, pero creo que para los que no estuvísteis allí será de interés leer íntegro:
El Muro de Berlín fue el símbolo de la vergüenza y la infamia durante sus 28 oscuros años de historia. Todos hablaban de él, todos lo denostaban, todos festejamos su caída y demolición en aquella fría y gozosa noche de noviembre. Hay otros muros, en cambio, de los que casi nadie parece dispuesto a hablar, pese a que encarnan parecidas miserias humanas y, a diferencia del berlinés, aún no cuentan con ninguna picota preparada para su demolición. Fíjense, por ejemplo, en ese Muro de Marruecos que desde hace un cuarto de siglo perpetúa la ocupación a la que este país somete al Sáhara Occidental. Mide sesenta veces más que el muro de Berlín y cuenta con miles de soldados, armados hasta los dientes, que vigilan cada uno de sus metros.
Nos preguntamos, como Eduardo Galeano en su día, lo siguiente: “¿Por qué hay muros tan altisonantes y muros tan mudos?”. Nosotros, desde luego, no estamos dispuestos a que nadie nos cierre la boca.
¿Cuántas resoluciones más de Naciones Unidas son necesarias para que la comunidad internacional –y, más concretamente, Mohamed VI de Marruecos– acepten y reconozcan el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui?
Hassan II, el padre de Mohamed, anunció en su momento que convocaría un plebiscito, para lo que llenó de marroquíes el territorio ocupado. Ni siquiera así se fiaba del resultado, así que el anuncio inicial de referéndum quedó primero en suspenso y más tarde en el olvido definitivo. Mohamed VI, por supuesto, sigue sin darse por enterado. Tienen miedo a la voz del pueblo. Mucho más miedo, por cierto, que a las resoluciones de la ONU, que ya se ve para cuán poco sirven.
El patriotismo saharaui no es cuestión de chovinismo ni petulancia, sino de dignidad elemental. Aquellos hombres y mujeres no reclaman pertenecer a ningún G-20 ni recibir las visitas de esos grandes dignatarios mundiales que vemos cada noche en los telediarios. Sus pretensiones son mucho más modestas: una bandera y el territorio que siempre les perteneció. Parece pura lógica, pero la lógica y la política no siempre caminan de la mano.
Un total de 82 países del mundo han concedido el reconocimiento diplomático a la República Saharaui, pero ninguno de esos 82 países se encuentra en nuestro viejo continente europeo. Ni siquiera España, que hasta hace menos de 40 años tuvo al Sáhara como colonia, ha tenido el arresto moral de dar un paso adelante. De brindar un gesto significativo a la comunidad internacional. La democracia llegó a nuestro país con la transición, pero durante todo este tiempo nuestros gobiernos, de uno y otro signo, han preferido escurrir el bulto con el asunto del Sáhara.
Los habitantes de los campamentos de refugiados, en el sur de Argelia, son los artífices de un verdadero milagro del que deberíamos tomar buena nota en nuestra opulenta sociedad occidental.
Son pocos, no tienen casi de nada y les han despojado de su tierra, pero conservan la dignidad, la mirada limpia y el firme propósito de permanecer fieles a sí mismos. Quienes hemos pisado Tinduf y sus alrededores sabemos que aquel es el más desértico de los desiertos, un lugar inhóspito en el que apenas se atreven a crecer los cactus.
Los asentamientos saharauis se encuentran en un pedregal, pero este pueblo noble y generoso no ha perdido por ello ni un ápice de su espíritu tolerante y hospitalario. Es, a buen seguro, la más igualitaria de las sociedades musulmanas. Y es por todo ello la más merecedora de nuestro esfuerzo solidario, que nada tiene que ver con la caridad. Más pronto que tarde llegará el momento de desenmascarar a los poderosos. Nuestras retinas serán testigos de ese día en que la hipocresía de las grandes corporaciones deje paso a la justicia social.
El Sáhara Occidental figura desde el año 1963 (y a fe que ha llovido desde entonces) en una clasificación particularmente relevante de la ONU. Se denomina “Lista de territorios no autónomos pendientes de descolonización”.
A día de hoy, 34 años después de la retirada de España, va siendo hora de tomar cartas en el asunto. Va siendo hora de que políticos y diplomáticos nos den algún motivo para recuperar nuestra confianza en ellos. Quizás no sean las suyas profesiones muy permeables a la poesía, pero les vendría bien escuchar voces como la de Ali Salem Iselmu, poeta saharaui exiliado. Permítanme sólo unos versos: “Decidles que la tierra no es de ellos / que la gente no es de ellos / que las piedras necesitan ser libres. / Decidles que el Aaiun duerme / para quedarse sin sentido, / que quien niega / será negado por la ternura / de esas voces melancólicas y sedientas”.
Ojalá libros como éste, titulado ‘Solucionar el conflicto del Sáhara’ no tendría por qué resultar difícil. No concurre en él ninguna de las disputas que más sangre y dolor han propiciado a lo largo de toda la historia de la humanidad. No hay colisión entre etnias o religiones, tampoco son dos pueblos que se disputen un mismo territorio por razones históricas.
El conflicto del Sáhara tiene un origen mucho más crudo y sencillo: la ocupación ilegal y forzosa de un territorio a partir de la llamada “marcha verde”. Así las cosas, ¿de verdad sería tan complicado que los gobernantes de nuestro entorno occidental garantizaran un referéndum libre y regular de autodeterminación?
Se lo debemos a nuestros hermanos saharauis, por pura decencia. Y está en manos de todos, pero sobre todo de la Organización de las Naciones Unidas y de los gobiernos español y francés. Tampoco queremos olvidarnos, por último, de los defensores de los derechos humanos que desde el Sáhara nos han aportado una lección de integridad y coherencia. Tenemos mucho que aprender de ellos.
Guardamos aún fresco en nuestras mentes el caso de Aminatou Haidar, esa activista de cuerpo diminuto y corazón gigante que durante 32 angustiosos días puso en peligro su vida en el aeropuerto de Lanzarote. Una huelga de hambre constituye una medida excepcional, pero gracias a mujeres como Aminatou hemos aprendido que la dignidad constituye un valor irrenunciable.
Por ahora, los saharauis esperan. Llevan 35 años esperando sin perder la esperanza. Están condenados a pena de angustia perpetua y de perpetua nostalgia.
La nostalgia les ha llevado a dar a los campamentos de refugiados los nombres de sus ciudades secuestradas, sus perdidos lugares de encuentro, sus querencias: El Aaiún, Smara…
Ellos no pierden la esperanza.
Ellos se llaman hijos de las nubes, porque desde siempre persiguen la lluvia. Desde hace más de treinta años persiguen, también, la justicia, que en el mundo de nuestro tiempo parece más esquiva que el agua en el desierto. Ojalá veamos pronto un Sáhara libre y ojalá que el de Haidar sea el último de estos casos al que debamos enfrentarnos.
Pedimos una solución pacífica para un Sáhara Libre.
El Muro de Berlín fue el símbolo de la vergüenza y la infamia durante sus 28 oscuros años de historia. Todos hablaban de él, todos lo denostaban, todos festejamos su caída y demolición en aquella fría y gozosa noche de noviembre. Hay otros muros, en cambio, de los que casi nadie parece dispuesto a hablar, pese a que encarnan parecidas miserias humanas y, a diferencia del berlinés, aún no cuentan con ninguna picota preparada para su demolición. Fíjense, por ejemplo, en ese Muro de Marruecos que desde hace un cuarto de siglo perpetúa la ocupación a la que este país somete al Sáhara Occidental. Mide sesenta veces más que el muro de Berlín y cuenta con miles de soldados, armados hasta los dientes, que vigilan cada uno de sus metros.
Nos preguntamos, como Eduardo Galeano en su día, lo siguiente: “¿Por qué hay muros tan altisonantes y muros tan mudos?”. Nosotros, desde luego, no estamos dispuestos a que nadie nos cierre la boca.
¿Cuántas resoluciones más de Naciones Unidas son necesarias para que la comunidad internacional –y, más concretamente, Mohamed VI de Marruecos– acepten y reconozcan el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui?
Hassan II, el padre de Mohamed, anunció en su momento que convocaría un plebiscito, para lo que llenó de marroquíes el territorio ocupado. Ni siquiera así se fiaba del resultado, así que el anuncio inicial de referéndum quedó primero en suspenso y más tarde en el olvido definitivo. Mohamed VI, por supuesto, sigue sin darse por enterado. Tienen miedo a la voz del pueblo. Mucho más miedo, por cierto, que a las resoluciones de la ONU, que ya se ve para cuán poco sirven.
El patriotismo saharaui no es cuestión de chovinismo ni petulancia, sino de dignidad elemental. Aquellos hombres y mujeres no reclaman pertenecer a ningún G-20 ni recibir las visitas de esos grandes dignatarios mundiales que vemos cada noche en los telediarios. Sus pretensiones son mucho más modestas: una bandera y el territorio que siempre les perteneció. Parece pura lógica, pero la lógica y la política no siempre caminan de la mano.
Un total de 82 países del mundo han concedido el reconocimiento diplomático a la República Saharaui, pero ninguno de esos 82 países se encuentra en nuestro viejo continente europeo. Ni siquiera España, que hasta hace menos de 40 años tuvo al Sáhara como colonia, ha tenido el arresto moral de dar un paso adelante. De brindar un gesto significativo a la comunidad internacional. La democracia llegó a nuestro país con la transición, pero durante todo este tiempo nuestros gobiernos, de uno y otro signo, han preferido escurrir el bulto con el asunto del Sáhara.
Los habitantes de los campamentos de refugiados, en el sur de Argelia, son los artífices de un verdadero milagro del que deberíamos tomar buena nota en nuestra opulenta sociedad occidental.
Son pocos, no tienen casi de nada y les han despojado de su tierra, pero conservan la dignidad, la mirada limpia y el firme propósito de permanecer fieles a sí mismos. Quienes hemos pisado Tinduf y sus alrededores sabemos que aquel es el más desértico de los desiertos, un lugar inhóspito en el que apenas se atreven a crecer los cactus.
Los asentamientos saharauis se encuentran en un pedregal, pero este pueblo noble y generoso no ha perdido por ello ni un ápice de su espíritu tolerante y hospitalario. Es, a buen seguro, la más igualitaria de las sociedades musulmanas. Y es por todo ello la más merecedora de nuestro esfuerzo solidario, que nada tiene que ver con la caridad. Más pronto que tarde llegará el momento de desenmascarar a los poderosos. Nuestras retinas serán testigos de ese día en que la hipocresía de las grandes corporaciones deje paso a la justicia social.
El Sáhara Occidental figura desde el año 1963 (y a fe que ha llovido desde entonces) en una clasificación particularmente relevante de la ONU. Se denomina “Lista de territorios no autónomos pendientes de descolonización”.
A día de hoy, 34 años después de la retirada de España, va siendo hora de tomar cartas en el asunto. Va siendo hora de que políticos y diplomáticos nos den algún motivo para recuperar nuestra confianza en ellos. Quizás no sean las suyas profesiones muy permeables a la poesía, pero les vendría bien escuchar voces como la de Ali Salem Iselmu, poeta saharaui exiliado. Permítanme sólo unos versos: “Decidles que la tierra no es de ellos / que la gente no es de ellos / que las piedras necesitan ser libres. / Decidles que el Aaiun duerme / para quedarse sin sentido, / que quien niega / será negado por la ternura / de esas voces melancólicas y sedientas”.
Ojalá libros como éste, titulado ‘Solucionar el conflicto del Sáhara’ no tendría por qué resultar difícil. No concurre en él ninguna de las disputas que más sangre y dolor han propiciado a lo largo de toda la historia de la humanidad. No hay colisión entre etnias o religiones, tampoco son dos pueblos que se disputen un mismo territorio por razones históricas.
El conflicto del Sáhara tiene un origen mucho más crudo y sencillo: la ocupación ilegal y forzosa de un territorio a partir de la llamada “marcha verde”. Así las cosas, ¿de verdad sería tan complicado que los gobernantes de nuestro entorno occidental garantizaran un referéndum libre y regular de autodeterminación?
Se lo debemos a nuestros hermanos saharauis, por pura decencia. Y está en manos de todos, pero sobre todo de la Organización de las Naciones Unidas y de los gobiernos español y francés. Tampoco queremos olvidarnos, por último, de los defensores de los derechos humanos que desde el Sáhara nos han aportado una lección de integridad y coherencia. Tenemos mucho que aprender de ellos.
Guardamos aún fresco en nuestras mentes el caso de Aminatou Haidar, esa activista de cuerpo diminuto y corazón gigante que durante 32 angustiosos días puso en peligro su vida en el aeropuerto de Lanzarote. Una huelga de hambre constituye una medida excepcional, pero gracias a mujeres como Aminatou hemos aprendido que la dignidad constituye un valor irrenunciable.
Por ahora, los saharauis esperan. Llevan 35 años esperando sin perder la esperanza. Están condenados a pena de angustia perpetua y de perpetua nostalgia.
La nostalgia les ha llevado a dar a los campamentos de refugiados los nombres de sus ciudades secuestradas, sus perdidos lugares de encuentro, sus querencias: El Aaiún, Smara…
Ellos no pierden la esperanza.
Ellos se llaman hijos de las nubes, porque desde siempre persiguen la lluvia. Desde hace más de treinta años persiguen, también, la justicia, que en el mundo de nuestro tiempo parece más esquiva que el agua en el desierto. Ojalá veamos pronto un Sáhara libre y ojalá que el de Haidar sea el último de estos casos al que debamos enfrentarnos.
Pedimos una solución pacífica para un Sáhara Libre.
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